Hoy Ki me ha llevado al Rastro. Ha sido la primera vez que voy, así que no tenía ninguna idea demasiado centrada preconcebida sobre él, sino más bien ideas difusas. Yo me imaginaba una especie de mercadillo al aire libre como los que hay por Alcalá, pero más grande y bastante menos cutre. Lo que no me esperaba era ese gigantesco batiburrillo de tiendas, tenderetes, puestecillos, locales, mantas y cajas apiladas conteniendo absolutamente cualquier cosa que puedas imaginar salvo cadáveres humanos frescos. Y eso que hemos prescindido de mirar la mayoría de puestos.

Porque nosotros hoy íbamos a lo que íbamos. A saber: tiendas de libros. Hemos encontrado un montón de puestos con libros viejunos, con precios que oscilaban entre los 50 céntimos de euro y los 10 euros, dependiendo del estado del libro y del local. Y sobre todo, hemos encontrado una librería de viejo que me ha robado el corazón y parte de la cartera, que he comprado unos cuantos ahí. Sobra decir que, tras mucho deliberar y sopesar, entre Ki y yo hemos llenado una mochila de libros. Y nos hemos quedado con ganas de comprar más. El más caro que he comprado no ha llegado ni a 3 euros...

Eso sí, de ciencia ficción hemos encontrado más bien poquito. Algo de Asimov, mucho de Julio Verne, y en un puesto hasta hemos visto un libro de Orson Scott Card y todo. Pero bueno. De vez en cuando viene bien variar de registro.

Esto me recuerda que tengo que actualizar mi lista de libros. El día que lo haga me va a dar algo...